jueves, 26 de julio de 2007

A su servicio....

No pude contenerme las ganas de entrar y tomar el cafe con leche. Estaba en ayunas y, a las 10:30 de la mañana, ofuscada por el encontronazo con el empleado de las libretas y fatigada vaya a saber por qué, pasé primero oliento profundo cuando me dirigía al subsuelo y desistí de la espera en Laboratorio para subir nuevamente el mismo trecho, ingresar por la puerta doble que da al kiosco y sentarme en una mesa individual a tomar el cafe con leche con medialunas que me terminaría de transportar a la respuesta que estoy buscando para explicarte esta sensación.
Fue visual. Apenas se acercó el mozo, y pude ver por sobre la taza la espumita de la lecha bien caliente, un sin fin de imágenes se agolparon en mis ojos. Caían como lágrimas.
Definitivamente, recordé los viajes a la costa bonaerense de pequeña, cuando en el periodo de vaciones de verano, mis padres, mi hermana y yo -y en la mayoría de las veces, creo, mi abuela Felisa, que recién este último fin de año no estuvo con nosotros- tomabamos un micro que parece prehistórico comparado con los de hoy, que tardaba ocho horas y paraba en todas las playas pequeñas. Estoy pensando que, cuando viajabamos en micro o en tren mi abuela no venía con nosotros; recién cuando vacacionamos en auto supongo que mamá pudo llevarla a recorrer, cómodamente, las playas bonaerenses.
En fin, cuando el transporte llegaba, bajamos anciosos por ir a un baño y desayunar porque, obviamente, llegabamos a las seis o siete de la mañana, hacia frio - como siempre en la costa al amanecer - , y tomábamos todos juntos, mamá incluida sentada!, un cafe con leche con medialunas.
Recuerdo un año en especial, pero lo dejaré para después.

1 comentario:

Cristina M. Ch. dijo...

Veo que el cafe con medialunas guarda un significado especial para ti. Es bueno, seguir manteniendo vivos los recuerdos y seguir disfrutando de las pequeñas cosas de la vida.